Alejandro Talavante volvió a demostrar en Sevilla el extraordinario momento de inspiración, frescura y capacidad que atraviesa en un festejo en el que Juan Ortega, aunque sin eco en los tendidos, dejó patente el buen momento por el que atraviesa en este tramo final de temporada. Por su parte, Manzanares porfió sin lucimiento en una tarde en la que se le vio sin el ánimo necesario para dar un paso adelante.
El extremeño sostuvo este viernes el peso de una tarde de escaso contenido ganadero en La Maestranza y dejó dos faenas de argumentos muy distintos: primero, para entender las querencias y extraer las virtudes del manso segundo, al que cortó una oreja; después, para imponerse desde la firmeza, la inteligencia y una enorme seguridad al manso pero exigente quinto, con el que perdió por el descabello un premio que parecía ganado.
Fue una tarde de torero cuajado, inspirado y con las ideas muy claras, capaz de templar cuando el toro se lo permitió y de tirar de raza y recursos cuando las embestidas exigieron otra respuesta. Talavante encontró soluciones a dos toros diferentes y volvió a proyectar en una plaza de la dimensión de Sevilla la evolución de una tauromaquia que ha marcado su temporada: más asentada, creativa y, por momentos, profundamente artística. Una oreja fue el balance numérico; la dimensión de su tarde fue bastante mayor en un festejo donde Ortega dejó los muletazos de mayor calidad del festejo con el cierraplaza, amén de un magistral toreo de capa al tercero de la tarde.
Manzanares, silenciado con un desigual primero al que le faltó poder
El primero de la tarde llevaba el hierro de La Ventana del Puerto, rama Domecq de esta casa ganadera salmantina. Fue un astado justo de fuerzas al que Manzanares lanceó con facilidad a la verónica, pese a que el toro no se salía de los vuelos. Tras pasar por el jaco y ser lidiado a media altura por Diego Vicente, Manzanares optó por torearlo en el tercio, frente a los tendidos 3 y 5. Fue un toro al que nunca pudo apretar el alicantino, pues perdió las manos en varias ocasiones, de ahí que todo transcurriera en línea recta y a media altura. Tuvo la virtud de la prontitud y la nobleza, pero careció de la fuerza necesaria para mantenerse en pie. Manzanares basó su labor, de corte perfilero, sobre la mano derecha, dejando algún muletazo suelto de bella factura en tandas de corto metraje. Al natural, el toro tendió a no salirse de los vuelos, embistiendo por dentro e imposibilitando así la ligazón. Quiso exigirle más a partir de la segunda mitad de la faena, pero únicamente pudo extraer una serie dentro de una labor de desigual metraje ante un astado al que le faltó poder. Tras volver a meterse por dentro, Manzanares optó por irse a por la espada. Dejó una media estocada agarrada y el toro dobló las manos, siendo finalmente silenciado.
Alejandro Talavante le corta una oreja al manso segundo de Puerto de San Lorenzo
Del Puerto de San Lorenzo fue el segundo, un astado de sangre Atanasio-Lisardo, también correctamente presentado. Se abrió de capa con templanza Talavante, dejando un aseado saludo capotero ante otro ejemplar medido de poder. Se arrancó al relance al caballo que montaba Manuel Cid en el primer encuentro, dejando este un segundo puyazo en el que se apoyó en la vara con el toro fijo en el peto, sin que realizara una extraordinaria pelea. Apretó por dentro durante su lidia, buscando en todo momento Lili sacarlo más allá del tercio. Hubo de jugarse el tipo para clavarle los garapullos, destacando un gran par de Manuel Izquierdo con el toro apretando hacia los adentros. Optó por no brindar Talavante un astado al que fue a buscar a los terrenos del tendido 5, pese a que este salió suelto camino del burladero del 4. Con ayudados por alto y por bajo comenzó su labor el pacense. Conectó con el público ante un toro mansito, pero que colocó la cara con clase. Acertó Alejandro al dejársela siempre en la cara y tirar de él. Le imprimió suavidad a cada muletazo, sabiendo que el toro iba a durar lo que tardase en rajarse. Nada más tomar la zurda, sin siquiera apretarle por abajo, el del Puerto vio la oportunidad de irse a tablas, dejando al pacense compuesto y sin toro. Inteligentemente, Talavante se fue a los terrenos donde el animal se sentía más cómodo, robándole una tanda de derechazos y aprovechando siempre sus querencias. Como manso que era, tomó mejor los engaños cuando el muletazo iba hacia tablas, volviendo incluso a planear tras la pañosa; pero, cuando quiso ligarle los pases, salía desentendido y con la cara por las nubes. Porfió Talavante en un sugundo tramo de su labor muy jaleado por los tendidos. Metió la mano con habilidad, dejando una estocada en buen sitio. El toro sintió la muerte y se echó a los pies del pacense. Brotaron los pañuelos, creciendo la petición hasta obligar a la presidenta a conceder la oreja tras una faena a dividir en dos partes: primera de limpieza, ligazón y sentido del temple y una segunda algo más enrazada donde tuvo que jugar con las querencias y las alturas del animal.
Silenciado Ortega con el inválido tercero
Los lances más jaleados de la tarde fueron los que realizó Ortega al tercero, astado de Puerto de San Lorenzo, al que le instrumentó un ramillete de verónicas y una tafallera previa a la media de cierre toreando con las palmas de las manos y la cintura. Se volvió a gustar llevando al animal al jaco al echarse el capote a la espalda en un monumental galleo de frente por detrás (Tapatías o Rogerinas), ante un toro que siempre vino dormidito y al que le costó desplazarse. Parecía un ejemplar afectado de los cuartos traseros, dejándose atrás en las patas y realizando movimientos extraños. Pese a ese defecto, este «Cuba», toro de reata ilustre dentro de este encaste, no mostró mala condición, existiendo la única duda de saber si iba a poder emplearse por abajo en la muleta de Ortega. El brindis del sevillano respondió más a la confianza de que podía poner la plaza boca abajo con quince muletazos que a la convicción de que el toro fuera a romper. Desgraciadamente, ocurrió lo primero. Pese a ello, le dio sus tiempos, jugó con las alturas y las distancias y evitó apretarlo en línea recta; pero, aunque el astado salmantino tuvo buena clase, acusó constantemente ese problema en los apoyos, llegando a meterse los cuartos traseros casi bajo los riñones. Lo trató con suavidad. No hubo ni un tirón y, salvo algunos muletazos aislados de su personal corte, la faena no llegó a los tendidos. Poco a poco el toro se fue quedando más corto, reponiendo y volviéndose sobre las manos. La gente empezó a ponerse en contra y Ortega decidió irse a por la espada. Tras dejar una media estocada en buen sitio, fue silenciado.
Manzanares se topa con un cuarto tan deslucido como vacío de casta y es silenciado tras una labor anodina
‘Cartuchero’ llevaba por nombre el cuarto, tercer y último astado de Puerto de San Lorenzo de la tarde en Sevilla, otro animal en el tipo del encaste que dio fama a esta ganadería. Fue un ejemplar que embistió de forma cansina al capote de Manzanares, espada que sumaba su tercer paseíllo de la temporada en la Maestranza. Pasó sin pena ni gloria por el caballo, castigado lo justo, siendo lidiado con suma templanza por Juan José Trujillo. No consiguió Josemari levantar la tarde en este cuarto, otro toro ayuno de raza y muy justo de fuerzas. Buscó el alicantino embarcarlo en su amplia muleta, dejando pases en redondo a media altura, sin que estos llegaran a unos tendidos que sobrellevaban como podían una tarde de enorme bochorno, marcada también por el escaso juego de los pupilos de la familia Fraile. Faltó convencimiento y ambición por parte de un espada que terminó por contagiarse del ambiente reinante en la plaza ante un toro tan deslucido como vacío de casta, al que toreó de forma relajada, pero con escaso ajuste. Tras pasaportar al toro, fue silenciado después de una labor anodina.
Talavante pierde con el descabello la oreja de un quinto de díscola pero exigente embestida, al que toreó en los terrenos de sol
Marcado con el hierro de La Ventana del Puerto salió del amplio portón de chiqueros el quinto, un astado alto de agujas, amplio por delante, pero al que le faltaba un punto de remate en los cuartos traseros. El salmantino embistió de forma desganada al capote del extremeño, dejándose pegar en el jaco y evidenciando nuevamente que le iba a costar emplearse por abajo. Importante fue la actuación de Manuel Izquierdo ante este quinto, un toro que, si tenía una virtud, era el galope y cierta chispa cuando se le llevaba a su aire. Acertó Talavante en su inicio de faena poniéndosela en la cara y no dejándole pensar. Se jaleó ese comienzo desde los tendidos por la complejidad del animal, cerrando el extremeño su serie con dos muletazos de enorme relajo. Como cantó tantas veces el maestro Antoñete: «Pronto y en la mano». El animal, pese a las dudas iniciales, mantuvo su movilidad, aunque esta no fue enclasada, sino díscola, complicándose sus arrancadas conforme se sucedían los muletazos. Anduvo Talavante muy firme y fresco de mente, aguantando las embestidas de un toro que se movió con carácter. Al natural se lo echó hacia afuera para enroscárselo posteriormente a la cintura. Mantuvo el astado la prontitud y el galope, pero pesó una enormidad en la muleta al no venir siempre entregado en los engaños. Inteligentemente, lo toreó en paralelo a tablas, empapando siempre de pañosa a un toro que, con todas sus complejidades, nunca quiso irse. No rehuyó la pelea pese a sentirse cómodo en los terrenos de los tendidos 10 y 12. Se lo cambió por la espalda en una última serie en la que estuvo a punto de llevárselo por delante este ejemplar de ofensiva presentación, terminando la tanda con el público entusiasmado por la labor realizada por el espada extremeño. No le dudó ni un instante Talavante a un animal que, de no haber andado centrado y muy seguro de lo que hacía, se le hubiera echado a los lomos. Se fue a por la espada, vislumbrándose la concesión de una oreja si el toro caía con rapidez; pero, tras una media estocada en buen sitio, el animal se puso complicado para descabellar. Sonaron dos avisos antes de que pasaportara finalmente al astado charro. Sevilla premió su actuación con una cerrada ovación.
Ortega porfía con el pasador sexto en una faena de gran cadencia
Tampoco se dejó torear de capa el voluminoso sexto, toro de La Ventana del Puerto que todo lo hizo a media altura y sin emplearse. ‘Ligantesco’ llevaba por nombre un astado que tampoco se entregó en el jaco que montaba el último piquero del festejo. Continuó con la cara a media altura en el capote de Miguel Ángel Sánchez, dejando entrever que tampoco este iba a ser el toro que se deslizara con ritmo y humillación. Brindó Ortega a Manzanares antes de iniciar su faena con doblones por bajo. Una vez en el tercio, no se dio coba y se puso a torear. Acertó al no apretarle en demasía y dejársela siempre puesta. Pese a hacerlo todo a media altura, compuso bien la figura, dibujando muletazos de su personal corte, aderezados con un molinete para colocarse y un pase de pecho que abrochó la tanda. Al natural buscó pulirle el defecto de soltar la cara, cogiéndole rápidamente la velocidad para dibujar un ramillete de naturales ante un toro que pasaba sin emplearse. Anduvo asentado de plantas y buscando siempre enroscarse al toro tras la cintura en una nueva serie con la zurda, muestra del momento de seguridad que atraviesa el sevillano. Cierto es que su labor no llegó a romper, pero sí anduvo por encima, sin salirse de su concepto, de un toro que habría aburrido a cualquiera. Los tendidos siguieron su labor en silencio, valorando todo lo que hizo el sevillano, hasta que, con el toro ya muy agarrado al piso, pidieron que se fuera a por la espada para cerrar el capítulo de una tarde en la que el sofocante calor y el juego de la corrida salmantina marcaron su devenir. Tras un pinchazo, una estocada algo tendida y varios golpes de verduguillo, fue silenciado tras sonar un recado presidencial.
🎥 EN VÍDEO · Resumen del 🏟️ festejo celebrado en Sevilla 🗓️ 25 de septiembre pic.twitter.com/a1UsUsZE7w
— lancesmaestranza (@LancesMaestranz) September 25, 2026
FICHA DEL FESTEJO
Viernes, 25 de septiembre de 2026. Real Maestranza de Caballería de Sevilla (Sevilla). Feria de San Miguel. Corrida de toros. No hay billetes en tarde de calor asfixiante.
Seis toros de La Ventana del Puerto -primero, quinto y sexto- y El Puerto de San Lorenzo -segundo, tercero y cuarto-. Correctos de presentación aunque desiguales en su tipo. Muy medida en su raza y poder. Destacó la clase del rajado segundo y el temperamento del manso, y nada fácil, quinto.
José María Manzanares, de azul rey y oro: silencio y silencio.
Alejandro Talavante, de tabaco y oro: oreja y ovación tras dos avisos.
Juan Ortega, de corinto y oro: silencio y silencio tras aviso.

