La Real Maestranza de Caballería de Sevilla acogía, este 24 de abril, la decimo cuarta de abono, una corrida de toros de Juan Pedro Domecq para Daniel Luque, Juan Ortega y Pablo Aguado. A la postre, Luque paseó la única oreja del festejo en una faena de pundonor y firmeza al cuarto de la tarde, dentro de una corrida deslucida de Juan Pedro Domecq en la que la terna estuvo muy por encima. Destacadas faenas sin premio de Aguado al tercero y Ortega al quinto respectivamente.
La limpieza en el trazo y la cadencia de Luque no son suficientes para que rompiera su pulcra faena al enclasado, pero soso primero
De grandes hechuras fue el primero de la tarde, astado de Juan Pedro Domecq, al que lanceó con primor a la verónica Daniel Luque. Embarcó este la enclasada embestida del animal en capotazos que calaron en el respetable. Sobre los riñones asentó unos lances al ralentí, sacándose al toro hasta la misma boca de riego. No anduvo sobrado de fortaleza este abreplaza, astado al que posteriormente quitaría a la verónica un Juan Ortega que siempre buscó pulsear al toro. Brindó el de Gerena este ‘Puntero’ a sus compañeros de terna antes de irse a los terrenos del 3 a por el de Juan Pedro. A media altura se fue sacando al astado hasta más allá del tercio, manteniendo este su movilidad, pero evidenciando que no iba a estar sobrado de raza ni de fortaleza. Compuso bien la figura en muletazos a media altura, acompañando la pastueña embestida de un astado con prontitud. No le pudo apretar nunca al toro; pese a ello, dejó muletazos de su personal corte en redondo. Al natural mantuvo esas virtudes y defectos antes mencionados. Anduvo pulcro y muy templado en una labor de gran limpieza ante un astado con clase, pero sin esa transmisión necesaria para que esta llegara arriba. Metió la mano con habilidad y fue silenciado.
Silenciado Ortega con un segundo medido de fuerzas y sin la raza suficiente para empujar por abajo
Le costó emplearse en los trastos al segundo, otro toro medido de fortaleza que embistió con las manos por delante al capote de Ortega, espada que posteriormente llevaría a este colorao al jaco por chicuelinas al paso, junto a varias tafalleras y una revolera de cierre para poner al animal frente al caballo. Dos verónicas y una media fueron la toma de contacto de Aguado con la tarde antes del tercio de banderillas. Una vez con la pañosa, Ortega buscó imprimir suavidad al trazo, pero el toro siempre embistió con un calamocheo incómodo. Cierto es que el astado tuvo movilidad y prontitud, pero le costó siempre empujar por abajo. Anduvo asentado Juan, espada que buscó exprimir con suavidad la embestida de un astado que tampoco por el izquierdo tuvo esas arrancadas enclasadas y con ritmo que permiten ver a un torero torear despacio. Viendo que la faena no tomaba vuelo, se fue a por la espada, pasaportando al astado de pinchazo y media estocada agarrada, siendo finalmente silenciado.
Bella y medida faena de un Aguado que queda sin oreja tras un pinchazo previo a la estocada en el tercero
Tuvo celo el tercero de la tarde, astado de pelo colorao al que recibió con su personal concepto Pablo Aguado. Meció este el capote con suma cadencia; lo embarcó en el percal para gozo de una parroquia que jaleó unos lances donde volvió a pasmar esa naturalidad tan latente en su concepto. La media de cierre fue seda pura. Perfecto anduvo Espartaco en un tercio de varas donde midió el castigo al animal. Lo cogió en la misma yema en el primer encuentro. En el segundo, el astado acometió franco desde la media distancia, empujando con clase y siendo nuevamente picado de forma magistral por un picador que se fue ovacionado. Por chicuelinas quitaría un Luque que jugó con las alturas y las distancias para enroscarse a la cintura a este ‘Rugidor’. Brindó este toro a la Infanta Doña Elena, colocándose de hinojos para iniciar con unos ayudados muy toreros: un pase de la firma unido a un ave montado molinete y un larguísimo natural cerraron este primoroso inicio. Venía el sevillano con la hierba en la boca, y eso se notó desde el comienzo. Lo llevó muy tapado Pablo, pulseando su embestida y buscando pulir ese “tornillazo” que daba al final del muletazo. Al natural dejó una tanda medida y de bella factura, con uno de ellos a cámara lenta, toreando con todo el cuerpo. Le dio tiempos al animal; lo citó con el cartucho de pescado, posando la muleta en su mano izquierda para, una vez citado el animal, desplegarla y abrirle el muletazo. Los muletazos siempre acabaron arriba para aliviar a un toro que se fue apagando poco a poco. Faena breve, medida, pero muy torera, donde dejó pasajes de ese concepto que a tantos aficionados cautiva. Tras una media estocada —se cortó, sangrando de forma ostensible— y otra en buen sitio, no hubo esa petición que sí se hubiera dado de enterrar el acero al primer intento. Hubo palmas para este ‘Rugidor’ y una ovación cerrada para un Pablo Aguado que salió a saludar, pasando posteriormente a la enfermería.
Oreja para Luque en el cuarto de la tarde
Fue protestado el cuarto de la tarde tanto por su justeza de trapío y remate como por estar medido de fuerzas. No tuvo especial relevancia el saludo capotero de un Luque que, pese a intentar embarcarlo con cadencia, vio cómo la descompuesta embestida del toro quitaba eco a sus lances. Tras medirse al toro en el jaco, entró en su turno de quite un Ortega que anduvo breve con un ejemplar que se frenaba al segundo lance. Se echó el capote a la espalda en unos lances ya muy asentados en su repertorio. Le costó un mundo repetir a un astado que tuvo nobleza, esa que aprovechó Daniel para dejar pasajes de interés, pese a que estos no tuvieron la continuidad deseada. Porfió el diestro de Gerena en una labor larga, pero con dientes de sierra, alcanzando mayor eco en los tendidos a mitad de la misma, momento en el que atacó a un ejemplar al que le costaba humillar. Prosiguió con otra tanda de menos a más y una última al natural, toreando sin ayuda, finalizando esta con varias luquesinas y cambiándose la muleta de mano. Faena larga que cerraría con otra tanda al natural, previa a una estocada en buen sitio. Arreció la petición y, finalmente, fue concedida la oreja.
Ortega deja pasajes de gran cadencia y despaciosidad ante un quinto a menos y salida una ovación
Le costó también entregarse al quinto en los primeros tercios, un toro al que le faltó celo en el capote del sevillano y en el jaco. Tras abrirle los caminos en el tercio de banderillas, se fue Ortega a buscarlo al centro del anillo. Con la rodilla genuflexa inició un trasteo presidido por la armonía. El cambio de mano que dibujó el hispalense llegó con enorme fuerza a los tendidos. Proseguiría con una tanda en redondo, embarcando una embestida al filo de la navaja —por su condición de mansito—, que llegó rápidamente arriba. El toro la tomó con clase, humillación y cierto temple, y ahí dibujó muletazos de su personal concepto. Se crujió también en una serie con la izquierda, pero ya era el momento de apretar al toro y pasar de una faena con cadencia y sutileza, acompañando la embestida del astado, a otra de mayor compromiso. El de Juan Pedro fue poco a poco apagándose como una vela y, con ello, un trasteo en el que hubo muletazos de gran calidad, pero dentro de un conjunto que fue claramente a menos. Tras un pinchazo, enterraría el acero, saludando finalmente una ovación.
Se atascó Aguado con la espada en el sexto—se le vio incómodo tras el corte en esa mano—, siendo finalmente silenciado
Buscó soltarse a la verónica Aguado con el sexto, astado que embistió con todo, sin emplearse en absoluto en las verónicas del sevillano. Pese a que algunas resultaron atropelladas, aquellas que salieron limpias llevaron el sello de un espada que busca hacerlo todo con la mayor naturalidad posible. Tras pasar por las manos de Mario Benítez en el tercio de varas, se desmonteró Iván García tras un par íntimo y de gran compromiso. Ya con la muleta, pese a venir vencido en algún muletazo, Aguado no dio un paso atrás, dejando varios derechazos con el sello de la cadencia, embarcando la embestida —a media altura— del toro. Nunca fue metido en los trastos el animal, que sacó un punto mayor de nobleza al natural, pitón por el que Aguado le corrió la mano con suavidad. Le costó repetir a este ‘Zampón’, pese a tener buena condición por el izquierdo, pero una raza al límite privó a la parroquia hispalense de disfrutar en plenitud de un torero en estado dulce. Porfió Pablo en un trasteo que nunca llegó a tomar vuelo.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Decimocuarta de abono. Corrida de toros. No hay billetes.
Toros de Juan Pedro Domecq. De desigual presentación y juego.
Daniel Luque, de tabaco y oro: silencio y oreja tras aviso.
Juan Ortega, de rosa palo y oro: silencio y ovación.
Pablo Aguado, de teja y oro: ovación y silencio.
CUADRILLAS: Ovacionado Espartaco tras picar magistralmente al tercero y desmonterado Iván Garcia en el sexto.

