Cuatro de Hermanos García Jiménez y dos -quinto bis y sexto- de Olga Jiménez se lidiaban esta tarde en la décima de abono en La Maestranza este Lunes del Pescaíto. Morante de la Puebla, Borja Jiménez y Tomás Rufo hacían el paseíllo. Y, a la postre, fue un festejo en el que el dramatismo con la cornada de Morante en el recibo capotero al cuarto, y la pasión desbordada que levantó Borja Jiménez en los tres toros que tuvo que lidiar, mantuvieron el interés máximo en el aficionado. Al final, el palco negó la segunda oreja del sexto a Borja Jiménez y la Puerta del Príncipe.
Morante acaricia -de capa y muleta- la enclasada embestida del abreplaza y pasea una oreja
Obligó la Maestranza a saludar a Morante de la Puebla una vez finalizado el paseíllo, tras la gran tarde del pasado jueves. De templado galope fue el abreplaza, astado al que, tras soltar la cara y costarle tomarla con clase a la verónica, embistió con temple y boyantía en un manojo de chicuelinas, dejando pasar al animal. Tuvieron gracia y donaire; aprovechó las inercias del animal para enroscárselo a la cintura. Tras el primer encuentro con el jaco, sí pudo cincelar un manojo de verónicas de su personal concepto, pero donde realmente crujió la plaza fue con las tafalleras que dibujó posteriormente. Se dejó llegar al animal a la faja para dibujar lances hundidos en el albero. Una verdadera delicia.
Entró en su turno de quites Borja Jiménez, quien no desentonó al ejecutar varias chicuelinas, buscando siempre llevar toreado al animal. Le imprimió suavidad a un inicio donde, siempre de forma muy torera, combinó pases por alto con otros por bajo de gran cadencia. El toro la buscó con clase y Morante dibujó muletazos marcados por el compás. Tuvo gran calidad este de la familia Matilla, pero andaba medido de fortaleza. Tanto en redondo como al natural, José Antonio buscó no apretar de primeras al animal, jugando con las alturas y las distancias. Los muletazos fueron de abajo hacia arriba para no quebrantarlo. Todo lo hizo con suma despaciosidad, asentado sobre los riñones. Poco a poco el animal fue perdiendo fuelle, pero el de La Puebla del Río le puso eso que le faltaba para dejar muletazos de fino estilista. Pases de las flores, remates por bajo, algún kikirikí y varios de pecho al ralentí. Su final de faena a pies juntos fue una auténtica delicia. Le llegó a la misma cara para cincelar un ramillete de naturales que llegaron enormemente a los tendidos. Tras una estocada algo tendida y desprendida, paseó la primera oreja de la tarde tras petición de la segunda.
Borja Jiménez pasea la oreja del profundo e importante segundo
‘Almendrito’ llevaba por nombre el segundo, un animal colorao chorreao que embistió con celo al capote de un Borja Jiménez que, tras lancear a la verónica, dejó varias chicuelinas que llegaron una enormidad a los tendidos. Ovacionado se retiró el picador Vicente González en un tercio de varas donde supo dosificar al toro. Entró en su turno de quite el de Pepino para dejar lances con el capote a la espalda, con el toro embistiendo con todo. Brindó Borja a Morante de la Puebla antes de un inicio muy torero, sacándose al astado al tercio. Embistió con gran clase este García Jiménez, haciendo el avión y queriendo tomarla siempre por abajo. Borja le dio distancia para canalizar en sus muñecas la humillada embestida del astado. Asentado sobre los talones, alargó de forma cadenciosa la embestida de un toro que se sintió más cómodo cuanto mayor fue el sometimiento. Ejemplar para sentirse y torear con las yemas, para crujirse de verdad, como hizo Borja. No admitió tirones; todo lo hizo con una gran clase, algo que entendió un espada que acertó en los terrenos y en la elección de las alturas. Tuvo mayor profundidad al natura. Toro importante este de la vacada salmantina, en una labor de gran interés rematada con una estocada casi entera que le valió la oreja.
Silenciado Rufo con un tercero medido de fuerzas, pero con ritmo y humillación
Se gustó Tomás Rufo lanceando a la verónica al castaño que hizo tercero, un animal que acometió con temple. Todo lo quiso hacer con gusto y sentido de la medida, embarcando la embestida del burel e intentando sentirse en el último tramo del capotazo. También a la verónica lanceó al animal en su turno de quite, siendo este más breve al venir soseando el de la familia Matilla. Pese a tener nobleza y humillación, este siempre tendió a perder las manos, algo que deslució el limpio inicio de Rufo. Tenía que aprender a moverse con su limitada fortaleza; de ahí que Tomás lo aliviara en determinadas fases de su labor. Consciente del animal que tenía delante, le dio tiempo para respirar, cincelando una tanda al natural sobresaliente por su templanza y armonía. La tomó con ritmo el astado y Rufo supo cogerle la velocidad en un trasteo sin fisuras. Pero esa aparente solvencia y la facilidad con la que estuvo delante del animal le restaron a una labor de gran firmeza un punto de frialdad. Tras enterrar el acero, saludó una ovación desde el tercio ante un toro que, pese a no estar sobrado de fortaleza, sí tuvo clase, ritmo y buen embroque.
Morante, cogido de capote por el cuarto toro de capote
No quiso entregarse en ningún momento el cuarto de la tarde, animal que le infirió a Morante una cornada en el glúteo izquierdo cuando este trataba de meterlo en el capote. El toro embistió recto y se lo echó a los lomos. No le dio tiempo a quitarse y sobrevino el percance. No se le vio sangrar en exceso, pero sí se dolía del hombro al pasarle el toro por encima. Entró a la enfermería siendo portado por su cuadrilla, tomando Borja Jiménez la lidia del animal.
Silenciado Tomás Rufo con el sobrero que hizo quinto
Tras correrse turno y salir el sexto en quinto lugar, hubo que tirar de los mansos para devolver a chiqueros al de Olga Jiménez, astado que salió con el pitón derecho colgando. En su lugar salió un toro de García Jiménez que se movió sin demasiado celo en el capote del toledano. Tras pasar por el jaco y, posteriormente, en banderillas —donde destacó Fernando Sánchez—, se puso rodilla en tierra el toledano para dar comienzo a su trasteo. Se la dejó en la cara al animal, venido de tierras charras, para cincelar una tanda en redondo donde siempre buscó empapar de muleta al soso pero noble sobrero. Al natural, pese a tener un largo viaje, tendió a aburrirse y a salir con la cara por encima del palillo. Volvió a mostrarse solvente en una actuación asentada, en la que siempre buscó torear a favor del toro. Porfió sin lucimiento en un trasteo que nunca tomó vuelo. Se le fue la mano a los sótanos, siendo finalmente silenciado.
La espada deja sin el doble trofeo a Jiménez tras jugarse la vida y torear al encastado sexto
A la puerta de chiqueros se fue Borja Jiménez a saludar al último de la tarde, un animal de enorme seriedad de Olga Jiménez. Una larga cambiada fue el preludio de un saludo capotero —de hinojos— en el que lanceó a la verónica en un ramillete que caló enormemente en los tendidos. Expuso una barbaridad ante un astado que no siempre se deslizó, abrochando ese saludo con una larga a una mano antes de recuperar la verticalidad. Se le cuidó al animal en el jaco, yendo y viniendo sin demasiada fijeza en banderillas. Toro con transmisión al que Borja Jiménez no debía dudarle en ningún momento. Y así fue: tras brindar al respetable, se colocó con la muleta planchada en el mismo centro del platillo. Por la espalda se pasó al toro en un muletazo de enorme ajuste que heló el corazón de los tendidos. Sabía que había dos caminos: Puerta del Príncipe o enfermería. Se la puso siempre en la cara, confiando en que el toro tomara la muleta y no el cuerpo. Llevó siempre largo al toro en muletazos en los que el astado no siempre la tomó con clase. Se la jugó en cada pase. No dio un paso atrás en una faena al filo de la navaja. Al natural, pitón por donde se abría más el toro, se la dejó muerta para tirar de este “Sosito”, ejemplar al que no le hizo justicia el nombre. Asentado sobre los talones y los riñones, dibujó una última serie por el izquierdo de mano baja. Tenía a Sevilla en el bolsillo y la Puerta del Príncipe a su alcance. Pero la espada tampoco viajó certera, dejando una estocada tendida, trasera y desprendida que le privó de salir camino del Paseo de Colón por segunda tarde consecutiva. Se tragó la muerte el encastado astado de la familia Matilla, un toro temperamental a derechas y con mayor entrega a zurdas, al que el de Espartinas le realizó una faena de gran exposición, entrega y toreo roto. La plaza se llenó de pañuelos y Fernández Rey únicamente otorgó un trofeo, pese a que la petición nunca arreció.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Décima de abono. Corrida de toros. No hay billetes.
Cuatro de Hermanos García Jiménez y dos -quinto bis y sexto- de Olga Jiménez. Desigualmente presentada pero de muy buen juego.
Morante de la Puebla, de azul rey y oro: oreja y herido.
Borja Jiménez, de nazareno y oro: oreja, vuelta en el que lidió por Morante y oreja.
Tomás Rufo, de marino y oro: silencio en ambos.

