Morante de la Puebla en Sevilla - Eduardo PorcunaMorante de la Puebla en Sevilla - Eduardo PorcunaMorante de la Puebla en Sevilla - Eduardo Porcuna

La Real Maestranza de Caballería de Sevilla acogía, este domingo, la corrida de toros del Domingo de Resurrección 2026, un festejo con toros de Garcigrande para Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y David de Miranda. El peruano paseó la oreja del interesante quinto tras una labor derechista de gran calado en los tendidos, mientras que el onubense también tocó pelo tras jugarse el tipo con un sexto que lo volteó de fea manera en el inicio de su trasteo. Corrida bien presentada pero de desigual comportamiento en la que Morante de la Puebla paseó las dos orejas del segundo de su lote en una tarde donde Sevilla evidenció una vez más la deriva en la que está sumida, tanto a nivel presidencial como con los que pueblan los tendidos.

Morante abrevia con un primero de nulo celo y escasa fortaleza

De pelo colorao fue el primero de la tarde: un toro bajo y armónico que tendió a apretar por dentro, sin dejar estirarse al de La Puebla del Río en su recibo a la verónica. Se le midió el castigo en el jaco, pese a encelarse en él, en los dos puyazos que tomó. Templada fue la lidia de Del Toro, buscando siempre abrirle los caminos a su altura. Brindó el de La Puebla a D. Juan Carlos I —pese a saber que ni mucho menos era un animal de brindis—, quien se encontraba en el palco maestrante junto a su hija, doña Elena. Tuvo cadencia y torería su inicio por alto, pero el toro embestía de forma cansina y mostrando poco celo. Aprovechó José Antonio la inercia de un toro que nunca empujó hasta el final por su manifiesta falta de fuerzas, ese con el que no se daría coba alguna. Se colocó este en la suerte natural para dejar una gran estocada por su despaciosidad y colocación. Silencio.

Ovacionado Roca Rey con el noble y enclasado, aunque a menos, segundo

Tuvo mayor celo el segundo de la tarde, otro animal bajito y con nobleza en su embestida. Un astado al que Roca Rey lanceó con suavidad, primero acompañando la embestida del de Garcigrande y luego llevándola en los lances a la verónica. Pese a embestir con cierto ritmo, se acostó por el pitón derecho, aguantando el peruano, asentado sobre los talones, antes de cerrar el recibo con una chicuelina y una media de su personal corte. Hizo presencia David de Miranda tras medírsele el castigo al animal en el caballo, dejando un ajustadísimo quite por saltilleras que caló en los tendidos. Respondió Roca por chicuelinas, suerte que domina a la perfección, evidenciando que no se quería dejar ganar la pelea por el de Trigueros. Al igual que Morante, Andrés también brindó su toro al Rey emérito, comenzando su labor de rodillas junto al tendido 2. Se lo cambió por la espalda en un inicio de gran exposición, con el toro embistiendo con nobleza. Tuvo prontitud el astado salmantino, dejando Andrés una primera tanda en redondo, corta pero intensa. Al natural se gustó; por ese pitón sacó mayor entrega el toro, embistiendo con un ritmo sostenido y colocando la cara. Pero, cuando acortó distancias, el toro acabó por terminar de afligirse: no era astado para cercanías. Poco a poco la labor fue perdiendo intensidad, yéndose acertadamente a por la espada. Tras un final de faena por bernardinas, pinchó al primer intento; posteriormente dejó una estocada que le valió la ovación del respetable.

Silenciada la porfía de David de Miranda con el manso tercero

Salió dormido el tercero de la tarde, un toro que se paró en el capote del onubense, imposibilitando cualquier tipo de lucimiento. Manso y huidizo tampoco lo puso fácil en la lidia de Fernando Pereira, llegando a la muleta marcando claramente su querencia hacia la zona de chiqueros. Breve fue el brindis del triguereño a D. Juan Carlos I, iniciando este su labor junto a tablas. Anduvo fresco de mente y asentado de plantas para dejar una serie inicial templada, pero mandona, por derechas, con la rodilla genuflexa. Pero el toro no quería pelea, yéndose nuevamente a tablas. Porfió sin lucimiento De Miranda, con el público ya molesto por el discurrir de la corrida. Tras una media estocada tendida y varios golpes de verduguillo, fue silenciado.

Morante pasea las dos orejas tras una faena de apuesta y pura inspiración

Le costó también fijarse en los capotes a este cuarto. Otro animal medido de fortaleza, que llegó a embestir con las manos metiéndose por dentro en varias ocasiones en los lances de capa. Pese a ello le dejó el capote muerto en la misma cara a un astado que incluso llegó a pararse entre lance y lance. Estoico el de La Puebla, sin más defensa que el capote y su cuerpo, aguantó una enormidad a que el toro se arrancara para dejar un ramillete verónicas a media altura y una media al ralentí. Pero su primoroso toreo de capa llegaría en un quite a la verónica, donde cinceló verónicas al ralentí junto a otras, más enganchadas por la complejidad del animal, pero de una sutil composición antes de brindar al respetable en el centro del ruedo.

Le anduvo al toro con gracia y donaire en un inicio que recordó a esos toreros de finales del siglo XIX y principios del XX. Apostó por un astado que embistió, por momentos, a dos velocidades cuando no iba enganchado. Sonó “Gallito” mientras se la dejaba muerta en una baldosa y acompañaba la embestida con todo el cuerpo. Asentó las zapatillas para embarcar la noble embestida en su pañosa. Pareció no importarle la condición de un toro que, por su escasa fortaleza, tendía a defenderse y a pegar un tornillazo al final del muletazo. Tragó una enormidad para dibujar muletazos a compás ante un ejemplar que tuvo la virtud de la humillación. Al natural le costó más; por ese pitón le faltaba mayor embroque y un punto de celo. Pese a ello, el cigarrero le robó algún muletazo de su personal corte. Todo lo hizo de verdad, porque su toreo se ciñe en esos cánones. Asentado sobre los riñones se lo pasó por la faja en un trasteo que firmó con una gran estocada arriba, que le valió el corte de las dos orejas. Para algunos excesivas, para otros justificada por su rúbrica final. El cigarrero dio, sonriente, la vuelta al ruedo tras una obra que, sin ser rotunda, sí nos hizo reencontrarnos con el toreo que todo aficionado sueña. Porque el toreo de Morante, antes de palparse, se intuye, y eso es lo que le hace distinto al resto.

Roca Rey pasea la oreja del enclasado quinto tras una labor derechista

El segundo colorado de la tarde salió en quinto lugar: otro toro armónico, serio pero sin estridencias por delante. Ejemplar al que volvió a lancear con suavidad y limpieza el peruano, en un recibo que tuvo compostura. Al igual que en el segundo, esta vez no respondió Andrés al quite de onubense, dejando este unas ajustadas y asentadas tafalleras rematadas con una tijerilla. Toro que brindó al ganadero, Gerardo Ortega, uno de esos románticos que todavía quedan en el campo bravo. Se sacó Andrés al astado a los medios para colocarse en la media distancia. Toro al que el limeño buscó torear con suavidad, sobre todo en un pase de pecho que abrochó la primera tanda. Lo probó por ambos pitones, siendo por el izquierdo por el que se acopló más con el animal, pese a calar más la siguiente en redondo. Acertó en dejársela muerta y tirar del astado. Le dio tiempos entre tanda y tanda a un toro con bondad que siempre fue pronto al cite.

Animal de almibarada embestida, ejemplar que agradecía la suavidad, esa que derrochó por ambos pitones, pese a faltarle un punto de humillación. Basó Andrés su trasteo en la mano derecha. Acertó en terrenos y alturas; buscó alargar el muletazo, consciente de que donde la gente se rompe de verdad es cuando este es largo y por abajo, aunque no siempre lo consiguió. Anduvo correcto con un toro que, por sus virtudes, exigió un punto mayor de apuesta. Tras una estocada entera, pero algo tendida, le fue concedida una oreja, pese a existir petición de la segunda, no siendo esta atendida por Gabriel Fernández Rey, que no vio apropiado conceder el segundo trofeo.

David de Miranda se sobrepone a una feísima voltereta y le corta una oreja de mérito del complejo sexto bis

Tras ser devuelto el quinto tras partirse la punta del pitón salió en su lugar Chumbo, astado también del hierro titular, que tampoco anduvo sobrado de fortaleza, pero que se desplazó en el capote del onubense. Tampoco le sobró entrega en el peto, pese a derribar al jaco en el segundo encuentro con Paco Félix, último varilarguero de la tarde. Un trámite fue el segundo tercio antes de un comienzo a pies juntos en el centro del ruedo. Y ahí llegó el percance: el toro se arrancó recto hacia el onubense; este tocó tarde al animal y no tuvo tiempo de reacción, viéndose sorprendido al llevárselo este por delante. Fueron instantes de gran tensión, con el torero a merced del astado, aunque, por fortuna, todo quedó en un golpe, pudiendo reincorporarse y volver a la cara del toro.

Se puso en el sitio, sin importarle quedar expuesto delante del sexto bis. El onubense acortó distancias, se colocó totalmente de frente, buscando vaciar la embestida tras la cadera. Pese a vérsele por momentos algo aturdido, no quiso abandonar el ruedo, consciente de que en tardes así uno no puede echarse a un lado. Aguantó parones y miradas de un toro que anduvo varias veces detrás de la mata, un animal de apuesta por lo serio de su comportamiento. No fue una faena ligada, pero sí una labor de gran exposición, un trasteo en el filo de la navaja. Tras cerrar su labor en los terrenos del toro, dejó una estocada en buen sitio que le valió el corte de la oreja.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Corrida de Toros del Domingo de Resurrección 2026. Primera de abono. No hay billetes.

Toros de Garcigrande. De escaso celo y nula fortaleza el primero, con nobleza, y buen ritmo a zurdas, un segundo que se fue apagando como una velita, de mansa condición un tercero que nunca quiso pelea, con nobleza y cierta templanza un cuarto también con la fuerza medida, con ritmo y prontitud un quinto de almibarada embestida, y de compleja embestida un sexto bis al que le faltó entrega

Morante de la Puebla, de negro e hilo azul, silencio y dos orejas

Roca Rey, de berenjena y oro, ovación y oreja

David de Miranda, de purísima y oro, silencio y oreja

INCIDENCIAS: Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz y por el fallecimiento del torero Ricardo Ortiz en los corrales de la plaza de toros de Málaga.