La espada y el palco le quitan la gloria a Borja Jiménez tras una tarde de toreo soñado a la corrida de Victorino

Manuel Escribano y Borja Jiménez se batían en mano a mano este sábado en la octava de abono en Sevilla, en la que se lidiaba un encierro de Victorino Martín. Y, a la postre, tanto el palco -que le negó una oreja pedida de forma mayoritaria en el segundo- como el acero -ya que pinchó su importantísima faena al cuarto- evitaron que el de Espartinas saliese por la Puerta del Príncipe; tarde de entrega y poder de Escribano con un complejo lote ante un nuevo ‘No hay billetes’. Festejo en el que destacaron dos de los seis desiguales que envió El Hierro cacereño, siendo muy protestado un quinto que no tuvo la categoría mínima exigida para lidiarse en el ruedo hispalense.

Dos tandas al natural, lo mejor de la porfiadora faena de Escribano al exigente pero complejo primero

Ovacionó de salida La Maestranza a «Placentino», astado muy en tipo de la casa, al que saludó Escribano por verónicas, brotando estas con mayor intención que lucimiento, al vencerse el animal por el pitón derecho. Lo colocó largo en un primer puyazo, donde el toro se durmió empujando con un único pitón. Volvió a empujaer con el izquierdo en su segunda entrada al caballo, siendo ovacionado Juan Melgar —por una labor medida y certera— tras avanzar por el callejón camino del patio de cuadrillas. Tuvo movilidad y buen galope el de Victorino en los dos primeros pares. Se lo pensó más en el último, teniendo que provocarle, y llegarle, una enormidad para que saliera del refugio de tablas. Decidido anduvo Manuel en un inicio de faena donde el astado volvió a marcar sus dificultades por el pitón izquierdo. Pesó también una enormidad a derechas, embistiendo con todo y sin querer humillar. En el centro del anillo volvió a torear en redondo en una serie desigual en su metraje. Hizo siempre hilo este de La A Coronada, buscando el gerenense llevarlo muy tapado y aprovechando que siempre tuvo mejor inicio que final del muletazo. No fue fácil al volverse siempre entre las manos; sin embargo, en la parte final de su trasteo le acabó cogiendo el ritmo, primero en una serie al natural de uno en uno, pero con muletazos que llegaron a los tendidos por su cadencia y largura, y una segunda en la que dejó naturales largos y al ralentí junto a otros algo más deslavazados y enganchados. Un toro que, en el tramo final, descolgó y embistió con franqueza y humillación, pese a las aristas de una embestida muy exigente. Volvió a tomar la zurda en una tanda previa a la suerte suprema. Tras enterrar el acero, tuvo que echar mano del descabello, acertando a la segunda. Labor de menos a más que sería finalmente ovacionada.

Borja Jiménez apuesta por el complejo y exigente segundo en una labor de peso, pero el palco se guarda el pañuelo, dando finalmente una vuelta al ruedo

Gustó menos a la parroquia hispalense el segundo de la tarde, un astado al que se protestó de salida y con el que Borja Jiménez no se pudo soltar a la verónica, teniendo que lidiar su pegajosa embestida. Se arrancó de lejos este «Midianito», destacando su segunda entrada al caballo en un tercio de varas en el que fue ovacionado Tito Sandoval montando a «Alí». Al igual que hiciera Escribano, brindó Jiménez al respetable. Le abrió los caminos Borja hasta sacárselo al tercio. Pese a humillar —tenía cuello de sobra para ello—, tendió a frenarse y a reponer, no teniendo, al menos de momento, la intención de ir hasta el final. Anduvo asentado y fresco de mente el de Espartinas, buscando aliviarlo cuando este lo requería para que no se quedara debajo. Toro al que había que dejarle la muleta siempre en la cara y aguantar una vez pasaba por la jurisdicción del sevillano. Astado con el que había que hacer un esfuerzo al guardárselo dentro. Apostó al natural, se la dejó siempre en la cara y buscó torearlo con los vuelos. Toro complejo también por este pitón, ese al que había que aguantarle una enormidad, viniendo metido dentro de los trastos. Le corrió la mano. A base de buena colocación, sentido del temple y confianza ciega en que podía hacerlo romper, le sacó varios naturales a favor de querencia. Tuvo que llegarle una enormidad al hocico y tirar de este con fe. Costó un mundo cada natural por la exigencia de «Midianito» en alturas y distancias. Labor de enorme mérito por la exposición ante un astado que pesó una enormidad en los trastos. Tras una estocada tendida y caída, sonó un aviso. El de Victorino se tragó la muerte, cayendo finalmente junto a las tablas del tendido 6, mientras Sevilla ovacionaba su lucha por no perder la vida. Los tendidos se llenaron de pañuelos, finalmente el usía no concedió la oreja, dando Borja una vuelta al ruedo.

Escribano porfía con el desagradecido tercero en una labor de firmeza y entrega

Se puso muy largo Escribano —más allá del tercio— para recibir al tercero frente a chiqueros. Limpia le salió la larga antes de dejar un vibrante recibo a la verónica, con el de Victorino humillando una barbaridad. Le costó un mundo a este «Dirimente» arrancarse al caballo que montaba Juan Francisco Peña, pero, cuando lo hizo, empujó con bravura, arrinconando al jaco junto a tablas. No quiso ni ver el caballo una vez fue colocado para su segundo puyazo, teniendo que traspasar el piquero la segunda raya para conseguir que el astado acudiera. Volvería a tomar los garapullos Manuel en este tercero para dejar otro tercio de banderillas —el último, de gran compromiso junto a tablas—, donde demostró que esta suerte la domina enormemente. Quiso brindarle el toro a Borja Jiménez en un gesto de compañerismo antes de comenzar su labor. Repitió con enorme celo y humillación el de la A Coronada, un astado que demostró franqueza en las telas del hispalense. Toro tardito al que había que llegarle una enormidad a la cara, y que empezó ya esa serie a no querer entregarse en la franela. Al natural, ya en el centro del ruedo, Manuel optó por no ligar los pases, dándoselos de uno en uno. Le aguantó una enormidad, intentando fijarlo en la muleta, dándole la misma panza. A base de exponer y aguantar miradas y parones, le robó un manojo de naturales que llegaron a los tendidos por el asentamiento y la verdad con los que los realizó. Aquellas explosivas y humilladas embestidas del comienzo de su trasteo fueron un espejismo frente a la embestida reservona de este «Dirimente». Porfió Manuel en una labor tan serena como ingrata ante un astado que no quiso entregarse al sometimiento. Tras una estocada algo trasera, fue silenciadado tras sonar un recado presidencial.

Borja Jiménez cuaja una importante faena, pero se deja con la espada las dos orejas del cuarto

Tampoco acabó de embestir con franqueza y ritmo el cuarto en el capote de Borja, espada que buscó más lancear a favor de este que lucirse en su recibo. Tras su paso por el tercio de varas y banderillas, donde no puso las cosas nada fáciles, tomó la muleta Jiménez en un comienzo en el que cogió rápidamente la mano izquierda para dejar varios muletazos que calaron en los tendidos. Asentado sobre los talones y los riñones, cinceló el de Espartinas un manojo de naturales tras la cadera, con el animal colocando la cara y embistiendo hasta el final. Le corrió la mano el de Espartinas en otra serie al natural donde, en esta ocasión, el toro tendió a embestir algo más a su altura. Anduvo enormemente centrado el sevillano ante un toro que, pese a humillar, careció de un punto mayor de entrega por el lado derecho. Se echó nuevamente la mano a la zurda mientras sonaban los acordes de «Dávila Miura». Volvió a dejársela muerta y a tirar del animal. Le llegó una enormidad al hocico y pulseó la embestida de este «Bolsilillo». Se rompió el menor de los Jiménez en un trasteo de gran pulso y verdad ante un toro que embistió con buen ritmo. Un ejemplar que, pese a sus virtudes, no permitió que las cosas se le hicieran sin estar muy de verdad con él. Eso lo entendió Borja desde el inicio, cerrando el importante trasteo con una serie al natural a pies juntos, toreando al animal con la panza de la muleta. Tenía las dos orejas en la mano, pero una media estocada tendida —que escupió el toro— y otra más agarrada le obligaron a tomar el descabello. Sevilla despidió a este cuarto con una cerrada ovación camino del desolladero, obligando a Jiménez a dar una vuelta al ruedo como premio menor a una labor de altura ante un astado de gran exigencia, pero también de enorme entrega.

Silenciado Escribano con un quinto que nunca debió salir al ruedo

Por segunda vez en lo que llevábamos de tarde, se fue el de Gerena a la puerta de chiqueros a recibir al toro que le había correspondido en suerte, un astado cuatreño de nombre «Mirandés». Astado largo, de gran esqueleto y de poco remate, un Victorino que tardó una enormidad en salir por toriles. Aguantó lo indecible un Escribano al que no le pesó ese «trago», lanceando con soltura a una mano a este ejemplar de la casa cacereña. Parte del tendido se puso en contra de un toro —que nunca debió ser traído ni aprobado— que se volvió siempre entre las manos, no dejando al torero soltarse a la verónica. Tampoco empujó con celo y bravura al jaco y se movió sin entrega en banderillas. No se serenaron los ánimos en los tendidos una vez tomada la muleta; tampoco ayudó a ello la desordenada embestida de un toro con el que Escribano estuvo digno. Un animal que recordó a aquellos gracialianos que se lidiaron en la posguerra por su falta de remate. Un toro indigno para Sevilla. Tras enterrar el acero, el espada gerenense fue silenciado, mientras se pitaba en el arrastre al burel.

Por encima Jiménez de la pastueña y sosa embestida del sexto

Se despidió Borja de su primer compromiso con Sevilla sin tan siquiera poder lancear a ninguno de los animales que le cupieron hoy en suerte, astados que no se emplearon y que obligaron al de Espartinas a plegar velas. Un toro que acometió con franqueza al jaco que montaba Vicente González, quien fue descabalgado en la primera vara, saliendo ovacionado por dosificar el castigo de este «Hebreo». Al igual que en la tarde de ayer, acabaría desmonterándose Iván García tras dos grandes pares, el último de una enorme exposición clavando en la misma cara. Brindó Borja nuevamente al respetable, comenzando su trasteo abriéndole los caminos a un animal no sobrado de fuerza. Todo lo hizo de forma templada, llevando al de Victorino a media altura para no quebrantarlo. Tomó la zurda, pitón por el que el toro se abría un punto más, para dejar muletazos en los que siempre llevó empapado de muleta al toro. Acertó en terrenos y alturas; se la ofreció sin toques bruscos, buscando alargar la sosita embestida del cierraplaza. Le puso Jiménez lo que le faltaba al animal: todo lo quiso hacer a favor de este, alternando unos naturales más en línea recta con otros en los que el muletazo fue más semicircular. Toro que embistió al paso, exponiendo una barbaridad Borja al pasar a una velocidad muy pausada. Recordó mucho a esos toros mexicanos que embisten al paso, no teniendo este la calidad ni la humillación necesarias para abandonarse. Aun así, dibujó muletazos, por ambas manos, de gran cadencia y limpieza, pero a la gente le costó entrar en su labor. Volvió a atascarse con los aceros, siendo finalmente silenciado.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Octava de abono. Corrida de toros. Lleno de No hay billetes.

Toros de Victorino Martín. Desigualmente presentados con un quinto que no tuvo la categoría suficiente para lidiarse en esta plaza. Destacaron el encastado y noble segundo y el interesante quinto, dentro de un conjunto que no acabó de romper en los trastos.

Manuel Escribano, de marino y oro: ovación tras aviso, silencio tras aviso y silencio.

Borja Jiménez, de gris plomo y oro: vuelta tras aviso, vuelta al ruedo y silencio.

CUADRILLAS: Iván García se desmonteró tras parear al sexto.