Rafa Serna y ‘Escogeperros’: una bala aprovechada para no perder la fe

La Real Maestranza de Caballería de Sevilla acogía, este domingo, la tercera corrida de su abono, en la que se lidiaba un encierro de Fuente Ymbro para Álvaro Lorenzo, Rafael Serna y Molina.

Un solvente y asentado Álvaro Lorenzo es ovacionado tras pasaportar al incierto pero pesador primero

Casi 600 kilos pesaba el primero de la tarde, un hondo astado de Fuente Ymbro que embistió de forma desigual y siempre a media altura al capote de Álvaro Lorenzo. Cumplió en el jaco, llegando al tercio de banderillas evidenciando cierta nobleza, pero también que no le iba a sobrar ni la fuerza ni la raza. Pese a lo tardío de su embestida y al molesto viento reinante, no dudó Serna en entrar en su turno de quites. Variado fue el inicio del trasteo del toledano, dejando este muletazos presididos por la suavidad, pero el molesto calamocheo y una embestida lineal afearon la primera tanda en redondo. Se puso el manchego donde había que ponerse, asentado, firme, tragando lo indecible. Le costó un mundo a este ‘Cazador’ mover sus kilos; de ahí que fuera complicado ligar los muletazos. Por el lado izquierdo consiguió robarle algún natural, aprovechando la inercia del animal. Fue una labor pulcra, pero que no acabó de llegar a los tendidos hasta que este le atacó más al toro; ahí conectó más con la parroquia. Se trató de un toro con buen embroque pero tardó en su acometida, teniendo este, en ocasiones, una embestida incierta que no afectó a la serenidad de un centrado Álvaro Lorenzo. Tras un ajustado final de faena y enterrar el acero tras un pinchazo previo, sonó un aviso, siendo Lorenzo finalmente ovacionado desde el tercio.

Serna porfía con el díscolo y desclasado segundo y es silenciado

Más fino de cabos fue este segundo, astado que salió suelto del capote del sevillano. Un animal serio por delante que no se acabó de entregar en los lances de Serna. Se dejó pegar en el peto este ‘Laminado’, que acudió pronto, pero esperando en banderillas, algo que dificultó la labor de los hombres de plata. Tras sacárselo más allá del tercio, este buscó dejársela siempre puesta a un toro que embistió de forma desordenada. Le dio distancia al toro, sabiendo que la gente se podía poner de parte de un animal que nunca buscó irse tras los vuelos con clase, sino que embistió a su aire, soltando la cara cuando pasaba por la jurisdicción del torero. Al natural le costó más al de Fuente Ymbro, no consiguiendo Serna que la faena rompiese. Tras llevarse un susto en su última tanda al natural, volvió a la derecha para dejar dos tandas a media altura, con más intención que lucimiento que, eso sí, calaron en los tendidos. Tras varios pinchazos y una estocada perpendicular y tendida, fue silenciado tras sonar un aviso.

Molina rubrica con una estocada de libro su trasteo al precioso pero vacío tercero

A la puerta de chiqueros se fue Molina a recibir al toro de su presentación en Sevilla, un astado de pelo melocotón que se quedó muy abajo en la larga de recibo. Tras el susto inicial, se repuso el toledano para dejar algún lance suelto a la verónica, pero sin el lucimiento necesario para llegar a los tendidos. Cumplió sin más este ‘Jarrero’ en el jaco, antes de embestir sin celo ni entrega en el quite por chicuelinas de Molina. Le abrió los caminos el manchego al de Fuente Ymbro en un inicio en el que buscó que el animal empujara hacia adelante sin quebrantarlo. Un animal también medido en su raza, que tendía a desordenarse en el tramo final del muletazo. Buscó este limarle ese defecto, desenmuñecando hacia fuera, pero el toro tendía a perder las manos. Pese a no llevarlo sometido, el toro se aburrió y tiró la toalla buscando tablas, imposibilitando cualquier tipo de ligazón. Un animal que tenían marcado en rojo los aficionados tras su desembarque en la Real Venta de Antequera, pero que finalmente únicamente se quedó en fachada. Lo mejor de su actuación vino con la espada, tanto por la forma de ejecutar la suerte suprema como por los tiempos y la colocación de la tizona. Silencio.

Silenciado Álvaro Lorenzo con el feble y anovillado sobrero de Murteira que hizo cuarto

Se tapaba por la cara el castaño cuarto, un toro con leña para pasar un invierno y algo escurrido de los cuartos traseros. Un ejemplar que fue devuelto, ya en banderillas, tras perder ostensiblemente las manos. En su lugar salió ‘Gerrilhero’, sobrero menos ofensivo por delante y muy por debajo de la presentación que tiene que tener un animal para esta plaza, perteneciente a la vacada portuguesa de Murteira Grave. Tras perder este también las manos, se ondeó un pañuelo verde de grandes dimensiones desde una zona del tendido 8, provocando el murmullo de algunos y la risa socarrona de otros. Consciente Lorenzo de que el toro estaba cogido con alfileres, se le castigó muy poco en el caballo, siendo su posterior lidia siempre a favor de este. Buscó Lorenzo el toreo en línea y a media altura en los primeros compases de su labor, intentando afianzar al animal y aprovechar su feble nobleza. Pero ni por el derecho ni por el izquierdo tuvo continuidad este astado de Murteira, pese a tener mejor estilo a zurdas. Consciente de que no había opción alguna, se fue el toledano a por la espada. Tras pinchazo y estocada, esta algo tendida, escuchó palmas una vez que era pitado un animal que desentonó por completo por su presentación.

Rafa Serna pasea la oreja del exigente y encastado quinto

Con la tarde languideciendo, se fue Rafa Serna a la puerta de chiqueros a recibir al de Fuente Ymbro, otro ejemplar con una enorme seriedad por delante. Un animal sin la redondez de primero y tercero, pero con más cuajo que el cuarto. Muy dispuesto anduvo el sevillano, dibujando este un buen recibo a la verónica —jaleado por los tendidos—. De hinojos, junto al tendido 5, se puso a torear sin probaturas Serna, en un inicio en redondo. Por el mismo palo, ya en los terrenos del 2, dejaría una segunda tanda, con el toro ya echando el freno de mano; de ahí que tomara la zurda, pitón por el que el de Fuente Ymbro tenía un viaje más franco y largo. La clave estuvo en darle ese sitio que pedía el animal, ya que su codicia se encontraba siempre con el torero encima.

El de la Constanilla tuvo delante a un animal de serio comportamiento, un toro pronto en el cite y humillador, si venía enganchado y pulseado, con el que había que estar perfecto en colocación, distancias y alturas. Con la gente metida en la faena, volvió a la mano derecha para dejar una tanda vibrante en la que no dejó pensar nunca al astado, dejándosela siempre en la cara y tirando de este ‘Escogeperro’. Al natural colocó la cara y fue siempre hasta el final, algo que se volvió a apreciar en un gran cambio de mano, cuando su labor ya invitaba a tomar la espada. La oreja fue una justa recompensa a la labor de toma y daca de un torero al que se le notaron las lógicas carencias de quien torea poco, pero también el hambre de quien desea abrirse camino en esta difícil profesión. Ovación cerrada en el arrastre para un toro con un interesante fondo de bravura, que pidió el carné a un espada que, ni mucho menos, le volvió la cara a este exigente compromiso.

Silenciado Molina con el pasador y desclasado sexto

Más propio de otra plaza de primera que de Sevilla fue este sexto, un toro serio y hondo, pero sin esa armonía en sus hechuras y finura de cabos que da elasticidad a su embestida. Animal al que se le midió en el caballo tras el recibo capotero del manchego. Brindó Molina al respetable, convencido de poder meter en el canasto a este ‘Pijotero’, animal al que dejó llegar en un inicio rodilla en tierra. Se lo cambió por la espalda, previo a una segunda tanda en la que volvió a dar distancia al astado. Tuvo transmisión el de Gallardo, pero embistió de una forma rebrincada, algo que no ayudó a que los muletazos salieran limpios. Al natural faltó mayor ajuste, abriendo en exceso la embestida del de Fuente Ymbro en un trasteo que no llegó a tomar vuelo. Por ambos pitones tendió a soltar la cara; de ahí que la clave estuviera en pulirle dicho defecto, intentando desenmuñecar a tiempo. Tuvo seriedad el animal, pero no esa clase y esa entrega necesarias para romperse con él. Porfió el manchego sin encontrar el eco en unos tendidos más pendientes de sobrellevar ese airecito húmedo y fresco proveniente del Guadalquivir que de meterse en el trasteo, al que le pondría rúbrica tras dos pinchazos. No se libró del aviso, siendo finalmente silenciado, mientras se despoblaban unos tendidos que ocuparon aproximadamente la mitad de los escaños del coso.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Corrida de toros. Tercera de abono.

Toros de Fuente Ymbro y uno, el cuarto bis, anovillado de Murteira Grave. Desigualmente presentados y de juego dispar. Destacó el interesante quinto.

Álvaro Lorenzo, de verde turquesa y oro: ovación tras aviso y silencio.

Rafael Serna, blanco y plata: silencio tras aviso y oreja.

José Fernando Molina, de verde oliva y oro: silencio y silencio tras aviso.