Julio Norte alza el vuelo en la soñada novillada de Talavante; geniales conceptos de Osornio y Bastos, que pasea premio

Un encierro de Alejandro Talavante se lidió este martes en la primera novillada del abono de Sevilla, en la que hacían el paseíllo Emiliano Osornio, Tomás Bastos y Julio Norte. Y, a la postre, fue un encierro completo en juego que, aunque estuvo un punto por debajo de la presencia exigida en Sevilla, ofreció seis animales que embistieron —cada uno con sus peculiaridades—. Ya en la Real Venta de Antequera se pudo ver que la novillada venía en tipo, apostando empresa y veterinarios por el toro de las cinco de la tarde y no por el de las doce de la mañana.

El salmantino se fue en volandas tras pasear un premio de cada novillo; Osornio dejó pasajes de toreo caro de capote y al natural en el cuarto; y el luso paseó un apéndice tras una tarde de entrega y reposo. Sin embargo, Bastos y Norte, aun teniendo una seria e interesante actuación, no acabaron de redondear sus faenas como para conseguir ese premio gordo que llevaban dentro sus novillos. Así hemos narrado, toro a toro, la novillada que abría hoy el ciclo continuado en La Maestranza:

Silenciado Osornio con el enclasado, pero feble, primero de Talavante

Bajo y con cuello fue este primero de Talavante, animal que salió sueltecito del capote del azteca. Una vez fijado en el capote, Orsornio templó las nobles embestidas de un utrero justito de fortaleza. Galleando por chicuelinas, lo llevó al jaco en un tercio de varas casi testimonial por el castigo infringido. Consciente de la nobleza de este “Resfriado”, decidió quitar por verónicas en lances donde pudo expresar su interesante concepto del toreo. Por tafalleras lanceó Tomás Bastos, que todo lo hizo con suma despaciosidad, cerrando el quite con una media al ralentí mientras el novillo colocaba la cara con buen ritmo. Replicaría el mexicano en otro quite donde lo mejor llegaría en la media de cierre, trayéndose al utrero toreado tras la cadera. Fijo y pronto este de Talavante, al cual Emiliano le corrió la mano con despaciosidad a media altura, buscando con clase y ritmo la muleta de un animal que tendía a rebrincarse por su justeza de fuerzas. Novillo que siempre se sintió más cómodo en la media distancia, y eso es precisamente lo que le dio el mexicano. Al natural mantuvo la nobleza, pero le costó más ir hasta el final. Tras dos pinchazos y una estocada en buen sitio, fue silenciado después de una labor de buen concepto—que nunca tomó vuelo— ante un astado con virtudes, pero que se fue apagando conforme avanzó la faena.

Tomás Bastos deja pasajes de su personal concepto ante “Juncal”, un segundo novillo de clase superlativa, y da una vuelta al ruedo

Bajo, armónico y con cuello fue el segundo, un preciso animal de Talavante con hechuras para embestir. Le imprimió gusto el portugués en su recibo a la verónica, dejando lances asentados en los que toreó con la cintura y las muñecas, pese a venir algo rebrincado —por su falta de fuerzas— este “Juncal”. Se le midió mucho en el jaco —pese a encelarse en el primer encuentro—, empujando con un solo pitón y haciendo sonar el estribo. Rompió el hielo Julio Norte con un quite de capote a la espalda sin molestar al animal, antes del tercio de banderillas, donde el de Talavante embistió con gran tranco. Recordó mucho este de Talavante a aquel “Florentino” al que cuajó Ortega en esta plaza, tanto por pelaje como por hechuras. Un utrero al que toreó con cadencia Bastos, quien siempre le dio la larga distancia para que el animal viniera con ese son que ya marcó de salida. Acompañó la embestida en la primera tanda para reunirse más con él en la segunda. Hizo el avión el de Talavante, colocando la cara y yendo hasta el final. El animal, en alguna ocasión, tendió a salir con la cara desentendida y querer rajarse, pero volvió a la muleta para seguir embistiendo con profundidad. Lo disfrutó Bastos antes de que un inoportuno enganchón cesara el pasodoble. Anduvo fresco de mente, acertó en terrenos y alturas, pero faltó algo de ajuste en esas tandas centrales. De gran profundidad este “Juncal”, el cual exigió siempre venir enganchado; de no tocar las telas, se desordenaba. Tras una serie al natural, donde bajó algo el nivel del trasteo, volvió al toreo en redondo para dibujar una serie en la que buscó siempre llevar largo a un animal que se crecía en el sometimiento. Le volvió a dar distancias en un final por alto, donde lo mejor llegó en su parte final, con una trinchera de cartel. Tras una estocada algo perpendicular, pero en buen sitio, sonó un aviso, teniendo Bastos que usar el verduguillo para acabar con la vida de este importante novillo de Talavante, ovacionado en el arrastre. Pese a existir petición, esta no fue mayoritaria, dando el portugués una vuelta al ruedo tras una labor con dientes de sierra en la que no llegó la rotundidad esperada ante un novillo de tan excelsas virtudes.

Julio Norte pasea la oreja del tercero, “Compañero”, otro gran novillo de Talavante, merecedor del pañuelo azul

Tampoco anduvo sobrado de fuerzas este tercero, otro animal que, pese a no acabar de romperse de salida, sí dejó entrever cosas buenas. Otro animal al que se cuidó en el jaco, en un tercio de varas donde se quedó dormido en el peto. Franco y con galope acudió al capote de Julio Norte en un quite donde este buscó imprimirle suavidad, algo que también intentó un Osornio que volvió a demostrar que maneja con soltura el capote. Otro utrero fijo que quiso irse tras los vuelos en la posterior lidia de Rafael Rosa. Ya desde la primera tanda se puso Julio Norte a torear sin probaturas, colocándose de hinojos en el centro del anillo. Novillo que no quería cercanías, y así se lo hizo ver en los primeros muletazos. Otro animal de gran interés este “Compañero”, astado que todo lo quiso por abajo, empujando con clase. Le faltó al salmantino cogerle el ritmo en esas tandas iniciales, pero una vez que tomó la zurda, los naturales brotaron a cámara lenta. Enganchó la embestida del de Talavante adelante para soltarla atrás. Se redujo en su embestida el utrero, disfrutando de ella un Julio Norte que siempre quiso llevar largo y pulseado al novillo pese a que no siempre acabara redondeando las tandas. Volvió a la derecha para dejar otra serie de fino trazo, pero de mandona composición. Repitió con entrega el astado antes de una serie al natural donde volvió a colocar la cara con gran profundidad, mientras Norte lo llevaba pulseado. Labor de menos a más que sería premiada con una oreja tras una estocada algo tendida, pero en buen sitio ante un animal a más en su entrega. Parte del público, entre ellos varios ganaderos de reconocido prestigio sentados en el tendido 1, pidieron la vuelta al ruedo para tal dechado de bravura. La ovación fue premio menor tras una labor que no acabó de saciar al aficionado.

Osornio se rompe al natural con el desigual cuarto y saluda una ovación tras dejar varios de los muletazos más hondos de la tarde

“Catetoncita” llevaba por nombre el cuarto del festejo, animal que no dejó soltarse de capa al mexicano al salir este suelto y con poco celo. Empujó con más genio que celo al caballo que montaba Aitor Sánchez, quien se llevó enhebrada la divisa de la vacada en la puya. Bajó los humos en un segundo encuentro, donde se dejó pegar. Entró en su turno de quites Bastos, quien lanceó —con más intención que lucimiento— por chicuelinas ante el animal más corpulento de lo que llevábamos de encierro. Novillo al que había que llevar muy tapado por el pitón derecho, al picar este por dentro; de ahí que comenzara toreando al natural. Asentado de plantas y toreando con la cintura, Osornio dibujó una primera serie de su personal concepto. Se la quiso dejar siempre puesta y muerta en el hocico, pero, pese a la nobleza del astado, todo lo hacía con cierta sosería. Firme anduvo en la siguiente serie en redondo, tragando la embestida lineal del de Talavante. Se le vio seguro y confiado, dejando muletazos donde siempre buscó imprimir suavidad, pese al tornillazo que daba el animal una vez pasaba por la jurisdicción del novillero. Volvió a la mano izquierda para dibujar varios naturales —de uno en uno— de gran cadencia y sentido del temple, llevándose al animal tras la cadera. Consciente de que ahí podía estar el premio, siguió insistiendo, acabando por dibujar otro manojo de naturales donde no solo toreó bien, sino que le puso el alma. Por ese pitón, el de Talavante, pese a ser tardo y a no repetir, colocó la cara con clase, dejando expresar —y sentirse— en cada muletazo aprovechando las buena clase del animal por ese pitón. La rúbrica con la espada no fue la deseada; pese a ello, saludó una ovación desde el tercio tras una faena de gran solidez, de esas que el aficionado sabe valorar.

Oreja para Tomás Bastos de otro interesante novillo de Talavante

A la puerta de chiqueros se fue Tomás Bastos a recibir al quinto, animal que, tras la larga de recibo, salió suelto de los capotes hasta ser fijado por el portugués. Este “Rescoldito”, proveniente de una de las ramas más importantes de la ganadería de Núñez del Cuvillo —de la que procede en su mayoría la de Talavante—, tuvo una desigual pelea en el caballo, no acabando de descolgar en el posterior quite de Julio Norte. Volvió a lucirse con los palos Fernando Sánchez, quien dejaría otro par de poder a poder que le valdría para desmonterarse junto a Joaquín Oliveira. Por la espalda comenzó su labor Bastos en el centro del platillo, antes de cincelar la primera serie en redondo. Se la dejó puesta para que “Rescoldito” la buscara con clase y profundidad. Sonó la música en otra serie donde buscó llevar largo a un astado que todo lo hizo galopando, con un son especial. Al natural se la dejó muerta para hundir las zapatillas en el albero y acariciar la embestida de un astado que se reducía si venía enganchado. Se le vio sobrado al portugués; esa facilidad le restó, en cierto modo, eco en los tendidos. Novillo que requería de una apuesta aún mayor a la que plasmó un Bastos que toreó bien, muy bien por momentos, pero que no acabó de exprimir la embestida de otro novillo de triunfo. Anduvo inteligente, eligió correctamente los terrenos y las alturas, pero a su labor —pese a tener eco en los tendidos— le faltó una mayor estructura, y por ende, rotundidad. Novillero este que pide a gritos la alternativa y que hoy, en Sevilla, dejó patente que el utrero ya le viene chico. unaestocada, algo tendida, no fue óbice para que esta vez sí el usía le premiara con una oreja tras sonar un aviso.

Una vibrante y decidida de faena de Julio Norte pesca premio ante el manso pero encastado y repetidor sexto

De pelo melocotón fue el utrero que cerró la tarde, un animal de nombre “Pajareto” que se emplazó en el centro del ruedo nada más salir de chiqueros. No quiso saber nada de capotes, pasando —más que embistiendo— a media altura y sin entregarse en los lances de Julio Norte. Acudió al caballo de la puerta para salir de najas en cuanto sintió la puya. Manso este animal de Talavante, que, una vez llegado a la jurisdicción del piquero, se defendió echando la cara arriba —haciendo sonar el estribo— y buscando la huida. De rodillas se puso el salmantino para canalizar en su muleta las embestidas de un manso que rompió a embestir en la muleta, gracias, entre otras cosas, por el buen hacer del salmantino. Norte sabía que todo tenía que ser pronto y en la mano, consciente de que el animal podía tirar la toalla en cualquier momento. Se la dejó siempre puesta, dándole distancia para que viniera al galope. Acertó en no llevarlo sometido, en torearlo a su altura, pero fue al natural donde se vieron los mejores pasajes de su faena. El animal respondió por abajo y este le apretó en tandas donde el astado llegó incluso a gatear tras la pañosa. Labor de gran intensidad, donde Julio entendió perfectamente aquello que requería el animal. Volvió a la mano derecha para dejar una serie con el compás más abierto, llevando al astado siempre hasta el final. La plaza estaba muy metida en la faena y Norte no quiso que la intensidad bajara ni un ápice. Tras una serie al natural donde dejó muletazos de su personal concepto, acortó distancias. El runrún se hizo presente: se mascaba el triunfo si metía la espada, pero esta no quiso entrar, pese a tirarse recto y decidido. Sí consiguió enterrar el acero al segundo intento y a su mano fue a parar una nueva oreja para cerrar la tarde.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Cuarta de abono. Novillada picada. Más de media entrada.

Novillos de Alejandro Talavante. En tipo y con hechuras para embestir. Destacaron segundo y tercero dentro de una notable novillada.

Emiliano Osornio, de sangre de toro y azabache: silencio y ovación.

Tomás Bastos, de blanco y plata: vuelta al ruedo tras aviso y oreja tras aviso.

Julio Norte, de rosa y oro: oreja y oreja.

CUADRILLAS: Se desmonteraron Joaquín Oliveira y Fernando Sánchez en el quinto.